viernes, 24 de julio de 2009

Mira tú por dónde... La llegada de Leela

...si la llegada de Andrea fue toda una fiesta, menos escandalosa y sin embargo más sorprendente fue la de Leela, la gata que vive con mi padre y mi madre.

Un día, Raquel se la encontró en una calle de Güimar cuando se detuvo a ver cómo su madre callejera (la del animal, no la de Ra) amamantaba a sus enfermizas crías; en realidad, al resto de sus enfermizas crías, porque Leela (a la que bauticé así en honor a la cíclope de FUTURAMA -aquí a la izquierda, en una imagen sacada de Vivabender, original de Matt Groening, el de LOS SIMPSON-), que al principio pasó inadvertida ante los ojos de Raquel (por su forma de pelusa cualquiera, sucia y esquinada), ciega y sin olfato, se dejaba morir en silencio, apartada por su propia familia por ser la más débil.

Me contó que la recogió con cuidado, buscándole los ojos debajo de mil legañas que le tapaban la vista y que, junto a Ani, la llevó al veterinario. Les aconsejó unas gotas para la conjuntivitis, salino para la nariz y un baño para ayer. Pobrecita, varias humanas locas (porque para ese entonces el grupo de salvadoras gatunas había crecido) la estaban metiendo en un cubo de mezcla de agua tibia y matapulgas mientras le sujetaban la cabecita por fuera (más que nada para que no se ahogara): salió de allí como un trapo (mojado, claro), con el pelo pegado a aquella minucia de cuerpo y fea a rabiar.

Menos de un mes después estaba recuperada (y aquel capullo de pelo que llegó de sopetón a mi vida se había transformado en la mariposa felina más bonita del mundo –le pese a quien le pese-), aunque la última visita al veterinario nos informó que acabaría por perder la visión en uno de sus ojos, quedándole sólo el otro para mirar (de ahí lo de su nombre).

Mi madre, mi padre y yo la vimos crecer durante esas semanas, sintiéndonos bien por haberla ayudado (porque pensamos que eso es lo que hicimos) y al final no pudimos buscarle otro hogar, se quedó en casa: nos domesticó (en el sentido estricto que describe el principito de Saint Exupery -1900-1944- al zorro, -también de Saint Exupery, claro-).

Ya han pasado ocho años, creo (me disculpo, tengo poca memoria) y pienso que (ha sido y) es feliz. Nosotras (mi madre y yo) y mi padre, también lo somos más desde su llegada.



¿Quién mejor que ella para inaugurar esta nueva etiqueta?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo viví la llegada de Leela y me acogió el alma su historia. Me alegro de que haya salido adelante. pienso que la debes llevar contigo adonde tu vayas. Los gatos solo reconocen un dueño/a y esa eres tú. Me pasa con Salem que desde que estoy 2 días fuera, me ignora. Es su forma de hacerme ver lo importante que soy para él. Luego se le quita y tan cariñoso como antes o más

Violeta dijo...

Y yo viví la de Salem, aún recuerdo las embestidas (de cariño) que pegaba por las noches, me dejaba la cara llena de picores...
Siii, tenía que hablar de la pitusa...

Linx-O de Thundera. dijo...

Yo recuerdo como creció (paso de ser una patita fea a un cisne la verdad) y otra cosita recuerdo como se le llena el traserito de nudos, a que ahora no es tan guapa esa minina XD, jeje solo envidia sana amiga lo sabes… La verdad no se que ponerte aquí porque ya lo sabes de sobra.

Violeta dijo...

Porque le va el rollo hippie, je, pero con nudos y todos es la Gata de las gatas. Y mira tú, vergüenza debería darte, hablando de culos felinos, ¡que el de la tuya está hermoso!, jaja, aunque la machaqueis con dietas chungas por culpa de vuestra crisis de los cuarenta, jaja...

Linx-O de Thundera. dijo...

Amiga si mi gata es un Botero, ay para ser historiadora del arte no te enteras XDD

Violeta dijo...

Jaja, si, claro... que buena salida... Pero concreta, Cena no, su culillo es un Botero, jaja, pero muy bonito, que yo la he visto caminar y lo lleva con mucha elegancia...